Selección de textos de la Revolución Rusa (actividad de apoyo voluntaria)

Publicado: febrero 19, 2014 en Primero de Bachillerato
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“Querido hermano:
Este calificativo me parece el más conveniente porque, en esta carta, me dirijo menos al emperador y al hombre, que al hermano. Y, además, os escribo casi desde el otro mundo, encontrándome en espera de una muerte muy próxima. (…)
Una tercera parte de Rusia está sometida a una continua vigilancia policiaca; el ejército de policías conocidos y secretos aumenta sin cesar; las prisiones, los lugares de deportación y los calabozos están repletos; aparte de doscientos mil criminales de derecho común, hay un número considerable de condenados políticos entre los cuales existen ahora multitud de obreros. La censura con sus medidas represivas ha llegado hasta un grado tal que no alcanzó en los peores momentos de los años que siguieron al de 1840. Las persecuciones religiosas no fueron nunca tan frecuentes ni tan crueles como lo son ahora, y cada vez van siendo más frecuentes y más crueles.

En las ciudades y en los centros industriales se han concentrado las tropas, que armadas de fusiles se han enviado contra el pueblo. En algunos puntos ya se han producido choques y matanzas y en otros puntos se preparan, y su crueldad aun será mayor.
El resultado de toda esta actividad cruel del gobierno, es que el pueblo agricultor, los cien millones de hombres sobre los cuales está fundada la potencia de Rusia, a pesar de los gastos del Estado que crecen considerablemente, o mejor dicho gracias a este crecimiento del presupuesto, se empobrecen de año en año, de manera que el hambre ha llegado a ser el estado normal, como igualmente el descontento de todas las clases y su hostilidad para el gobierno.

La autocracia es una forma de gobierno que ha muerto. Tal vez responda aún a las necesidades de algunos pueblos del África central, alejados del resto del mundo, pero no responde a las necesidades del pueblo ruso cada día más culto, gracias a la instrucción que va siendo cada vez más general. Así es que para sostener esta forma de gobierno y la ortodoxia ligada a él, es preciso, como ahora se hace, emplear todos los medios de violencia, la vigilancia policíaca más activa y severa que antes, los suplicios, las persecuciones religiosas, la prohibición de libros y de periódicos, la deformación de la educación, y en general de toda clase de actos de perversión y crueldad. Tales han sido hasta aquí los actos de vuestro reinado (…)”

León Tolstoi. Carta al Zar Nicolás II. 16 de enero de 1902.

–          ¿Qué posición mantiene Tolstoi al respecto del zarismo?

–          ¿Tuvo consecuencias en las posteriores revoluciones? Justifícalo.

“(…) La transición de la sociedad capitalista a la sociedad comunista es imposible sin un período político de transición, y el Estado en ese período no puede ser otro que la dictadura del proletariado. Ahora bien, ¿cuál es la actitud de esa dictadura ante la democracia? (…)

Democracia para una minoría insignificante, democracia para los ricos: ésa es la democracia de la sociedad capitalista. Si nos fijamos más de cerca en el mecanismo de la democracia capitalista, veremos que siempre y en todas partes, hasta en los detalles “pequeños, aparentemente pequeños, del derecho de sufragio (requisito de residencia, exclusión de la mujer, etc.), en las instituciones representativas, en los obstáculos reales que se oponen al derecho de reunión (¡los edificios públicos no son para los “miserables”), en la organización puramente capitalista de la prensa diaria, etc. En todas partes vemos restricciones a la democracia. (…)

Por tanto, en la sociedad capitalista tenemos una democracia amputada, mezquina, falsa, una democracia sólo para los ricos, para la minoría, para los explotadores. Sólo el comunismo puede aportar una democracia verdaderamente completa, y cuanto más completa sea, antes dejará de ser necesaria y se extinguirá por sí mismo.”

Lenin. El Estado y la Revolución.

–          Identifica al autor.

–          Extrae las ideas principales y relaciónalas con las medidas que toman en Rusia los bolcheviques.

“¡Señor!
Nosotros, trabajadores de San Petersburgo, nuestras mujeres, nuestros hijos y nuesstros padres, viejos sin recursos, venimos, ¡oh Zar!, para solicitarte justicia y protección. Reducidos a la mendicidad, oprimidos, aplastados bajo el peso de un trabajo extenuador, abrumados de ultrajes, no somos considerados como seres humanos, sino tratados como esclavos que deben sufrir en silencio su triste condición, que pacientemente hemos soportado. He aquí que ahora se nos precipita al abismo de la arbitrariedad y la ignorancia. Se nos asfixia bajo el peso del despotismo y de un tratamiento contrario a toda ley humana.

Nuestras fuerzas se agotan, ¡oh, Zar! Vale más la muerte que la prolongación de nuestros intolerables sufrimientos. Por eso hemos abandonado el trabajo y no lo reanudaremos hasta que no se hayan aceptado nuestras justas demandas, que se reducen a bien poco, pero que, sin ello, nuestra vi da no es sino un infierno de eterna tortura.

En nuestro primer requerimiento solicitábamos a nuestros patronos que tuvieran a bien interiorizarse de nuestras necesidades. ¡Y lo han rechazado! Hasta el derecho de discutirlas nos ha sido negado, so pretexto de que la ley no nos lo reconoce.

La demanda de ocho horas de jornada también fue tachada de ilegal, así como la fijación de salarios de común acuerdo; (…)

Todas estas reivindicaciones han sido rechazadas por ilegales. El solo hecho de haberlas formulado ha sido interpretado como un crimen. El deseo de mejorar nuestra situación es considerado por nuestros patronos como una insolencia.

¡Oh, Emperador! Somos más de 300.000 seres humanos, pero sólo lo somos en apariencia, puesto que en realidad no tenemos ningún derecho humano. Nos está vedado hablar, pensar, reunirnos para discutir nuestras necesidades y tomar medidas para mejorar nuestra situación. Cualquiera de nosotros que se manifieste en favor de la clase obrera puede ser enviado a la prisión o al exilio. Tener buenos sentimientos es considerado un crimen, lo mismo que fraternizar con un desgraciado, un abandonado, un caído. (…)

Tú has sido enviado para conducir al pueblo a la felicidad. Pero la tranquilidad nos es arrancada por Tus funcionarios, que no nos reservan más que dolor y humillación.

Examina con atención y sin cólera nuestras demandas, formuladas no para el mal sino para el bien, nuestro bien, Señor, y para el Tuyo. (…)

Rusia es muy vasta y sus necesidades demasiado múltiples para que pueda ser dirigida por un gobierno compuesto únicamente de burócratas. Es absolutamente necesario que el pueblo participe en él, pues sólo él conoce sus necesidades. No le rehuses el socorro a Tu pueblo. Concede sin demora a los representantes de todas las clases del país la orden de reunirse en Asamblea. Que los capitalistas y los obreros estén representados. Que los funcionarios, los clérigos, los médicos y los profesores elijan también sus delegados. Que todos sean libres de elegir a quienes les plazca. Permite para ello que se proceda a la elección de una Asamblea Constituyente bajo el régimen del sufragio universal. (…)”

Demandas de los obreros al zar / Domingo sangriento. 10 de enero de 1905

 

–          Extrae las ideas principales del texto y justifícalas con lo visto en clase.

–          ¿Qué consecuencias tuvo el domingo sangriento con las posteriores revoluciones?

“Ruzski vino a verme por la mañana y me leyó su larguísima conversación por cable directo con Rodzianco. Según ésta, la situación era tal que en Petrogrado cualquier ministro de la Duma carecía de poder para hacer cualquier cosa, puesto que tenía que luchar contra el Partido Socialdemócrata, representado por el comité de trabajadores. Se exige mi abdicación. (…) En esencia lo que dicen es que para salvar a Rusia y mantener en calma al ejército en el frente, debe darse ese paso. Yo he aceptado. Desde el cuartel general han enviado el borrador de una proclama. Por la tarde llegaron de Petrogrado Guchkov y Shulgin, con quienes discutí el asunto y a quienes hice entrega de la proclama firmada y corregida. A la 1.00 de la madrugada del día 16, abandoné Pskov con el corazón destrozado debido a todo lo ocurrido. A mi alrededor sólo hay traición, cobardía y engaño.”

Nicolás II. Fragmento de su diario íntimo, tras su abdicación.

–          Identifica las palabras en negrita.

–          ¿A qué se refiere el zar cuando habla de que “cualquier ministro de la Duma carecía de poder para hacer cualquier cosa”?

“Al salir a la plaza echamos a correr, agachándonos y apretándonos unos a otros. Corrimos así hasta chocar con el pedestal de la columna de Alejandro (…). tras unos minutos de permanencia allí, el destacamento, que contaba con varios cientos de hombres, cobró ánimos y de pronto, sin ninguna explicación, volvió a lanzarse adelante.
Trepamos a las barricadas de leña y, al saltar abajo, lanzamos gritos de triunfo: a nuestros pies había montones de fusiles abandonados por los cadetes. Las puertas del edificio a ambos lados de las entradas principales estaban abiertas de par en par (…).
A las 2 horas y 10 minutos del 26 de octubre, el Palacio de Invierno ya se encontraba en manos de los insurrectos; los ministros del gobierno provisional fueron detenidos.”

John Reed. Diez días que estremecieron al mundo. 1919.

–          ¿En qué momento de la revolución se encuentra este texto?

–          Identifica al gobierno provisional y la posición de los soldados que cita el texto.

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